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planeta Tierra

La Tierra es un mundo adolescente: brillante y lleno de potencial, pero inmaduro, aún dividido entre la luz y la sombra. Su belleza natural contrasta con la confusión de sus habitantes, que avanzan a gran velocidad sin tener todavía clara la dirección.

La Tierra es, al mismo tiempo, escuela y prueba: un planeta en vías de evolución...

En la Tierra, la sensación de pertenencia nace de un apego instintivo a la vida, mezclado con curiosidad y una profunda incertidumbre. 

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La intuición de que “hay algo más” existe, pero sin memoria real; por eso la mayoría se aferra a creencias sobre divinidades o fuerzas superiores que no pertenecen ni al planeta ni a la lógica evidente.

Esta falta de referencia interior provoca una paradoja: muchas personas sienten que pertenecen a otros —parejas, familias, líderes, grupos, empresas o religiones— o, en el extremo opuesto, sienten que otros deben pertenecerles a ellas. Esta dinámica de inter-pertenencia forzada intensifica emociones como los celos, la posesividad y la inseguridad, y se cuela en el lenguaje cotidiano: órdenes, imposiciones, chantajes afectivos, exigencias…

Las consecuencias son profundas: guerras, dominación de unos sobre otros, estructuras jerárquicas tóxicas y violencia tanto explícita como encubierta.

La Tierra es el escenario donde los vínculos se confunden fácilmente con posesión, en el camino del aprendizaje y la consciencia de la unicidad del ser.