Planeta Mérout
Puede que sea uno de los planetas más bonitos del universo... un paraíso. Aun así, Mérout es un planeta que ha alcanzado un alto nivel de conciencia muy elevado después de un proceso abrupto y doloroso. Hoy es un mundo coherente, armónico, sin conflictos visibles, en el que sus habitantes han integrado plenamente la relación entre vida, propósito y conciencia.
La estabilidad de Mérout no ha nacido de la calma, sino de una profunda crisis que transformó por completo su civilización.
El punto de inflexión apareció cuando el planeta se encontraba en el límite: sobrepoblación, represión y un control social asfixiante. De este colapso emergió un grupo multidisciplinar -científicos, filósofos, religiosos y pensadores libres- que, en secreto e ilegalmente, se dedicó a comprender el sentido de la vida y de la existencia. El resultado de esa búsqueda fue el HOLOSTUM, un elemento desconocido en la Tierra, con la capacidad de unificar lo que en los seres vivos permanece fragmentado: la memoria, la conciencia, la energía y el propósito interior.
El Holostum no era sólo un descubrimiento químico: dependía de la conciencia de miles de personas enfocadas en un mismo propósito. Cuando su vibración colectiva se mantenía, Holostum manifestaba propiedades extraordinarias: movimientos de materia sin esfuerzo, comunicación mental a distancia, procesos energéticos que parecían mágicos. Su existencia cambió el equilibrio de poder de forma completamente pacífica.
Hoy, Mérout es un planeta estable, casi en una “zona de confort evolutiva”. No tienen necesidad de avanzar más, pero sí un profundo impulso de ayudar a otros mundos. Muchos meroutianos nacen voluntariamente en planetas difíciles –como la Tierra– para aportar conciencia, compasión y memoria del dolor superado.
Si alguna vez te has sentido un extraño en este mundo, pero con un impulso de generosidad que no sabes contar… quizás recuerdas, muy al fondo, que vienes de Mérout.